Reality Country o Los Juegos de la Angurria.
El periódico un día de esta semana traía dos noticias aparentemente desconectadas: que la Contralora General suspendió las investigaciones a personas aforadas (por obra y gracia del Consejo Superior de la Judicatura) y que se revivió (por obra y gracia del Consejo de Estado) una deuda gigante con algunos miembros de las las altas cortes por una bonificación que se había eliminado en un decreto. Grandioso. En un sólo día nos quedamos casi sin control fiscal y les damos todavía más dinero público a quienes con tan poca gracia y tanto tino esquilman los recursos de todos los colombianos. La justicia y el control (de todo tipo) han sido los peores damnificados de la Constitución del 91. Los mecanismos divisados y propuestos nos han llevado a esto que hoy tenemos y que no es para nada bueno ni mejor que lo que había con la Constitución de 1886. Si algo, el progreso ha sido que se democratizó la corrupción: ahora roba más gente y en más niveles. Ni siquiera importa que en la Contral...